martes, 21 de mayo de 2013

Carta al director: ¡Esto sí es amor por los animales!




Foto: Capgros <3

El pasado sábado 20 de abril acudí a la perrera de Cunit (Proccan) con la idea de adoptar a uno de los perros. Al entrar solo se oían ladridos y aullidos, como si miles de bestias feroces se resguardasen en aquellas jaulas; una idea totalmente errónea pues al acceder a las jaulas pude comprobar que los animales eran cariñosos y juguetones. De hecho, el perro que estaba al lado del mío no dejó de lamerme las manos, cosa que me enterneció y me hizo pensar: ¿Cómo a un ser tan noble, dispuesto a dar tanto cariño, se le puede hacer algo así? Estos hechos denotan lo ruín que puede ser, o es, el ser humano.

Por ese motivo quisiera agradecer desde aquí, a Sonia y todos los voluntarios, su cuidado y dedicación a todos estos animales abandonados, sin importarles invertir en ellos su tiempo libre. También quisiera hacer un llamamiento, si es que no es muy osado teniendo en cuenta los tiempos que corren, a todo aquel que quiera hacer una donación económica ya sea grande o pequeña: eso es lo de menos.




Andrea Gavirati

TARRAGONA

sábado, 13 de abril de 2013

Narración de un cuadro.

Cenando mis recuerdos.



La familia Bosch me había acogido mientras realizaba mis estudios de filología hispánica. Vivían en un ático de la calle de la Marina, delante de la Sagrada Familia, desde el cual observaba cada noche la ciudad e imaginaba cuantas historias y secretos podían esconder sus calles. Se notaba que tenían un alto nivel económico, pues en sus cenas no faltaba de nada aunque en cuanto a decoraciones eran sumamente sencillos: sus paredes estaban desnudas. Habían algunas marcas que denotaban la intención de haber querido vestir el vació de las paredes. En la cocina, por ejemplo, sus paredes húmedas mostraban sin pudor las marcas de que un día ahí hubieron dos hermosos cuadros de bodegones a los que la misma primavera envidiaba sus colores.
Tenían una criada interna, Carmen, que les limpiaba la casa y cuidaba a Paula cuando salía del colegio.
Se notaba que Carmen era colombiana, poseía esa alegría que iluminaba cada rincón de la casa, siempre reía, cantaba, bailaba y tenía algún motivo para darte conversación y hacerte olvidar cualquier mal momento que pudieras haber tenido durante el día.
Aquel día fui testigo de lo aburrido que era cenar sin Joan. Me encontraba allí sentada, frente a la única hija que tenía el matrimonio Bosch-Cardona. Ese día, el patriarca, no pudo cenar con nosotras, pues era director de un banco y coincidió con que tenía una reunión importantísima con un señor alemán el cual aportaría una gran cantidad de clientes al banco en el que trabajaba. Su ausencia se notaba, él era siempre quien animaba las cenas, así que empecé a repasar aquellos dos años que llevaba en Barcelona.
Cada recuerdo me llevaba a otro, cada cual más bonito y curioso. No sé cómo llegué al día en qué me atreví a salir de noche por Barcelona sin ningún tipo de compañía. La verdad es que no duré mucho, era aburrido estar sin alguien con quien compartir esta experiencia así que fui a buscar a un amigo que vivía cerca, Marcos.

Subimos a su moto y fuimos al mirador de Barcelona, empezamos a contarnos como nos había ido la semana, los exámenes y sucesos curiosos, que en el metro siempre pasan. Por ejemplo, aquella semana subió un hombre en mi vagón que cada vez que se anunciaba la parada daba un saltito y dos palmadas. Aquellas situaciones eran las que me hacían ir a la Universidad con una carcajada contenida que salía en cuanto podía.
Al rato nos aburrimos y fuimos a dar una vuelta por el centro. Nos sentamos en un banco, y alrededor de las 3 y media de la madrugada empezamos a ver varias personas con una chaqueta roja larga hasta los tobillos, unos pantalones de cuero negro y una camiseta escotada del mismo color que dejaba ver el tatuaje de una especie de mariposa.
-Andrea, se te va a enfriar la cena. – dijo Begoña.
-Ay, sí, sí, perdona- contesté, volviendo por pocos segundos a aquella cena que se hacía eterna. – “¿Por dónde iba?”- pensé mientras intentaba recordar en qué momento del repaso de aquella noche me había quedado.
Al fin me acordé, empezamos a contar y según nuestros cálculos y vimos como treinta personas vestidas de esta forma. La curiosidad nos llamaba y empezamos a seguir a uno de ellos de forma disimulada, en una ocasión se paró y tuvimos que adelantarlo desviándonos a la calle paralela para seguirle más adelante. Perdimos su rastro. Intentamos buscarlo durante una hora y media pero desapareció. Al momento escuchamos algo parecido a una marcha de soldados en otra de las calles, no sabíamos exactamente cual, cuando el ruido se hizo más claro, nos acercamos pero ya no había nadie. En el suelo encontramos una pulsera con unas letras élficas. A día de hoy seguimos intentando saber de dónde salió. De hecho, a las 22:30 he quedado con él otra vez para seguir investigando.
-¡Oh, Dios mío! – exclamé- había quedado a y media y ya son y 35… Begoña si me permites…
-Pues claro Andrea, ¿a qué hora volverás? ¿llevas llaves? – me preguntó.
-Sí, sí. – le respondía mientras me iba por el pasillo a coger mi abrigo.- Volveré pronto, no te preocupes. Adiós! Adiós Paulita, adiós Carmen.


Ficha técnica de “La Tabla” o también conocida como “La cena” de Antonio López:
Título: La tabla
Técnica: Óleo sobre tabla
Dimensiones: 89x101