El pasado sábado 20 de abril acudí a la perrera de Cunit (Proccan) con la idea de adoptar a uno de los perros. Al entrar solo se oían ladridos y aullidos, como si miles de bestias feroces se resguardasen en aquellas jaulas; una idea totalmente errónea pues al acceder a las jaulas pude comprobar que los animales eran cariñosos y juguetones. De hecho, el perro que estaba al lado del mío no dejó de lamerme las manos, cosa que me enterneció y me hizo pensar: ¿Cómo a un ser tan noble, dispuesto a dar tanto cariño, se le puede hacer algo así? Estos hechos denotan lo ruín que puede ser, o es, el ser humano.
Por ese motivo quisiera agradecer desde aquí, a Sonia y todos los voluntarios, su cuidado y dedicación a todos estos animales abandonados, sin importarles invertir en ellos su tiempo libre. También quisiera hacer un llamamiento, si es que no es muy osado teniendo en cuenta los tiempos que corren, a todo aquel que quiera hacer una donación económica ya sea grande o pequeña: eso es lo de menos.
Andrea Gavirati
TARRAGONA
MALL 2012-2013 (Andrea Gavirati)
martes, 21 de mayo de 2013
Carta al director: ¡Esto sí es amor por los animales!
sábado, 13 de abril de 2013
Narración de un cuadro.
Cenando mis recuerdos.
La familia
Bosch me había acogido mientras realizaba mis estudios de filología hispánica. Vivían
en un ático de la calle de la Marina, delante de la Sagrada Familia, desde el
cual observaba cada noche la ciudad e imaginaba cuantas historias y secretos
podían esconder sus calles. Se notaba que tenían un alto nivel económico, pues
en sus cenas no faltaba de nada aunque en cuanto a decoraciones eran sumamente
sencillos: sus paredes estaban desnudas. Habían algunas marcas que denotaban la intención de haber querido vestir el vació de las paredes. En
la cocina, por ejemplo, sus paredes húmedas mostraban sin pudor las marcas de
que un día ahí hubieron dos hermosos cuadros de bodegones a los que la misma primavera envidiaba sus colores.
Tenían una criada interna, Carmen, que les limpiaba la casa y cuidaba a Paula
cuando salía del colegio.
Se notaba
que Carmen era colombiana, poseía esa alegría que iluminaba cada rincón de la casa,
siempre reía, cantaba, bailaba y tenía algún motivo para darte conversación y
hacerte olvidar cualquier mal momento que pudieras haber tenido durante el día.
Aquel día
fui testigo de lo aburrido que era cenar sin Joan. Me encontraba allí sentada,
frente a la única hija que tenía el matrimonio Bosch-Cardona. Ese día, el
patriarca, no pudo cenar con nosotras, pues era director de un banco y
coincidió con que tenía una reunión importantísima con un señor alemán el cual
aportaría una gran cantidad de clientes al banco en el que trabajaba. Su
ausencia se notaba, él era siempre quien animaba las cenas, así que empecé a
repasar aquellos dos años que llevaba en Barcelona.
Cada
recuerdo me llevaba a otro, cada cual más bonito y curioso. No sé cómo llegué
al día en qué me atreví a salir de noche por Barcelona sin ningún tipo de
compañía. La verdad es que no duré mucho, era aburrido estar sin alguien con
quien compartir esta experiencia así que fui a buscar a un amigo que vivía cerca,
Marcos.
Subimos a
su moto y fuimos al mirador de Barcelona, empezamos a contarnos como nos había
ido la semana, los exámenes y sucesos curiosos, que en el metro siempre pasan.
Por ejemplo, aquella semana subió un hombre en mi vagón que cada vez que se
anunciaba la parada daba un saltito y dos palmadas. Aquellas situaciones eran
las que me hacían ir a la Universidad con una carcajada contenida que salía en
cuanto podía.
Al rato
nos aburrimos y fuimos a dar una vuelta por el centro. Nos sentamos en un
banco, y alrededor de las 3 y media de la madrugada empezamos a ver varias
personas con una chaqueta roja larga hasta los tobillos, unos pantalones de
cuero negro y una camiseta escotada del mismo color que dejaba ver el tatuaje
de una especie de mariposa.
-Andrea,
se te va a enfriar la cena. – dijo Begoña.
-Ay, sí,
sí, perdona- contesté, volviendo por pocos segundos a aquella cena que se hacía
eterna. – “¿Por dónde iba?”- pensé
mientras intentaba recordar en qué momento del repaso de aquella noche me había
quedado.
Al fin me
acordé, empezamos a contar y según nuestros cálculos y vimos como treinta
personas vestidas de esta forma. La curiosidad nos llamaba y empezamos a seguir
a uno de ellos de forma disimulada, en una ocasión se paró y tuvimos que
adelantarlo desviándonos a la calle paralela para seguirle más adelante.
Perdimos su rastro. Intentamos buscarlo durante una hora y media pero
desapareció. Al momento escuchamos algo parecido a una marcha de soldados en
otra de las calles, no sabíamos exactamente cual, cuando el ruido se hizo más
claro, nos acercamos pero ya no había nadie. En el suelo encontramos una
pulsera con unas letras élficas. A día de hoy seguimos intentando saber de
dónde salió. De hecho, a las 22:30 he quedado con él otra vez para seguir
investigando.
-¡Oh, Dios
mío! – exclamé- había quedado a y media y ya son y 35… Begoña si me permites…
-Pues
claro Andrea, ¿a qué hora volverás? ¿llevas llaves? – me preguntó.
-Sí, sí. –
le respondía mientras me iba por el pasillo a coger mi abrigo.- Volveré pronto,
no te preocupes. Adiós! Adiós Paulita, adiós Carmen.
Ficha técnica de “La Tabla” o también
conocida como “La cena” de Antonio
López:
Título: La tabla
Técnica: Óleo sobre tabla
Dimensiones: 89x101
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